
Ocurrió un veintiocho de junio de mil novecientos noventa y uno.
El paquete con alas de fuego oculto bajo el embalaje voló desde Valladolid hasta la prisión de Sevilla-1. Desde que llegó el envío, los funcionarios sospecharon por su excesivo peso (Unos siete kilogramos). Pese a su control y paso por el escáner no pudieron ver su interior, totalmente opaco. Quedó a resguardo en el departamento de paquetería de la prisión mientras se hacían las gestiones oportunas para dar aviso a los Tedax.

